¿Podemos concebir un amor que no sea una usurpación de la voluntad del otro? El que no quisiera en ningún caso ejercer influencia sobre la persona que ama y se abstuviera en consecuencia de decidir por ella, de aconsejarla o de inclinarla, obrará sobre ella, justamente por esta actitud de abstención y la inclinaría todavía más a decidir para agradarle. Ese desapego aparente, esta voluntad de quedar sin responsabilidad, suscitan en el otro un deseo tanto más vivo de aproximarse. Hay una paradoja en aceptar ser amado por alguien sin querer influir sobre su libertad. Su libertad, si él ama, la encuentra justamente en el acto de amar, no en una vana economía. Aceptar amar o ser amado, es aceptar ejercer por otra parte tambien una influencia, decidir en cierta medida por el prójimo. Amar es, inevitablemente, entrar en una situación indivisa con el prójimo.A partir de ese momento en que se está ligado a alguien, se sufre con su sufrimiento. Si se trata de un dolor físico, que no se puede compartir sino de manera metafórica, se sufre fuertemente con su insuficiencia. No se es tal como se sería sin este amor, la usurpación de las perspectivas permanece. No se puede decir más: "Esto es tuyo, esto es mío", no se puede ya separar completamente los papeles; y estar ligado a alguien es, finalmente, al menos en intención, vivir su vida. La experiencia del prójimo, en el fondo, en la medida misma en que es convincente o es verdaderamente experiencia del prójimo, es necesariamente experiencia "alienante" en el sentido de que me quita a mí mi soledad e instituye una mezcla entre yo y el otro.
Merleau-Ponty, Maurice: "El cuerpo como ser sexuado" (fragmento) en Fenomenología de la Percepción. Barcelona: Península, 1975.


3 comentarios:
No conocía este fragmento de MP.
Coincido con él. Es imposible "amar un poquito". Pero bue, en definitiva, como que el amor apesta.
en principio, me parece que MP dice en este fragmento dos cosas distintas -no digo que excluyentes-.
una cosa es influir, lo que más sucede en las relaciones denominadas "amor", por ejemplo: si el deseo del otro no es nuestro deseo, queremos cambiarlo o reprimirlo.
y otra cosa es la capacidad de sentir lo que el otro, y el fundido del yo. y ahí, estaríamos en un terreno menos transitado.
Sucede que la "influencia" no es nunca intencional ni conciente. Precisamente porque somos incapaces de decir "Esto es tuyo, esto es mío" (y agregaría "esto es nuestro") es que estamos ligados. Pero tampoco podemos establecer el modo en que se dará esa ligazón ni el modo en que podría romperse
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