“¡Somos todos radicales los que nos quedamos abajo, a los del ARI los dejaron subir primeros!”, gritó indignado un grandote después de haber intentado avanzar por la escalera a las trompadas. La protesta era general en la planta baja de los Buenos Aires Design, la gente se había amontonado en los primeros peldaños de la escalera que llevaba al siguiente piso exigiendo que los dejen subir. Los encargados de controlar el paso ya no sabían cómo explicarles que no había más lugar, que se había superado la capacidad del recinto, que sólo entraban mil quinientas personas. “¿Qué quieren, que haya otro Cromagnon?”, les dijo el que tenía el walkie-talkie más grande. Pero los partidarios aseguraban a los gritos que eran discriminados por ser de la UCR. “¡Listo!” vociferó una señora, poniendo la mejor cara de ofuscación que encontró, “¡Nos vamos, Carrió se queda sin entrar al parlamento!”, y el resto apoyó la moción “¡Sí, sí, nos vamos!”, en el mismo momento que bajaba la escalera una de las organizadoras del evento. Los muchachos de seguridad, le explicaron a la recién llegada el incidente de las piñas, porque la bronca de los radicales la vio solita. “Compañeros, estamos haciendo lugar para que entren todos, nadie se va a quedar afuera, tranquilos”. Al rato estaban todos arriba.
En la sala de planta baja habían ubicado muchas sillitas blancas, una pantalla gigante donde se reprodujo el acto y la pochoclera que convidaba pororós en pocillitos de cartón que tenían las fotos de los candidatos a diputados por la Capital Federal Alfonso Prat Gay, Elisa Carrió y Ricardo Gil Lavedra en una cara y las de los candidatos por la provincia de Buenos Aires, Margarita Stolbizer y Ricardo Alfonsín, en otra.
Naturalmente, el verdadero militante debía estar en el primer piso, agitando banderitas argentinas de plástico, carteles de “Lilita Presidente”, banderas de Franja Morada y afiches de Stolbizer y Alfonsín diputados. Los que estaban ahí eran los que tenían la voz, los que exigían a sus representantes (que hablen más fuerte, que atrás no los escuchaban), los que cantaban a favor de Carrió y los que la silbaban. En el primer piso también estaba el escenario y sobre él cinco sillones negros, medio futuristas, acordes a la decoración “recoletense” del lugar, donde se ubicaron los políticos. Gil Lavedra no asistió por problemas personales, y su sillón lo ocupó el presidente de la UCR a nivel nacional, Gerardo Morales.
La convocatoria para el cierre de campaña del Acuerdo Cívico y Social no hacía referencia a un acto, sino a una “entrevista pública”, en la que los candidatos expresarían por última vez sus ideas a la ciudadanía. Y lo que justamente escasearon fueron las ideas. El entrevistador, Fernando Iglesias, periodista y actual diputado de la Coalición Cívica, realizó preguntas anodinas, evidentemente consensuadas con los candidatos, que expresaban displicencia hacia la oposición y plena simpatía con los allí presentes. Hasta recibió desaires de Carrió, quien hacia el final de la entrevista le respondió a una de las preguntas diciéndole que se la hacían todos los periodistas, “pero la voy a dejar pasar porque sos vos”.
Los partidarios disfrutaron el show. Mientras esperaban la llegada de sus candidatos, la pantalla ubicada en el escenario proyectaba los spots publicitarios que formaron parte de la campaña. Uno de los más festejados mostraba cómo las caras de los principales líderes de la oposición en realidad eran las mismas y luego proponía “Los mismos de siempre o el cambio seguro”. Y éste fue el leit motiv de toda la campaña, desacreditar a la oposición y al gobierno y proponer un “cambio seguro”. Y fueron también éstas “ideas” las que aplaudió con fervor la militancia en cada encuentro con sus referentes. Los actos fueron el ámbito propicio para demostrar la adhesión a las críticas propuestas por el Acuerdo y para, asimismo, poner en evidencia la disconformidad con la fusión Acuerdo Cívico y UCR.
Los radicales abuchearon a Carrió en todos los actos, le gritaron traidora, la silbaron y en la apertura de campaña no la dejaban comenzar a hablar. Es que ella los abandonó en el 2000 y ahora volvió después de haberlos criticado tanto. Por eso no la quieren, y porque está Ricardo Alfonsín, el hijo pródigo del partido y de la democracia, pero, fundamentalmente, el hijo de Raúl Alfonsín, el último patriarca radical.
Fue en este mismo acto, que Stolbizer criticó al “Pro peronismo” porque hizo una campaña personalista. Pero ellos lo tienen nada menos que Alfonsín, vivo. Los radicales le cantan “Se siente, se siente, Alfonsín está presente”, porque efectivamente lo tienen ahí, hablando con la misma voz, los mismos genes, y sobre todo, el mismo bigote.
En relación al acto de apertura en el Gran Rex, los abucheos disminuyeron. Apenas unos pocos silbidos se escucharon en el cierre de campaña. El lugar era bastante más chico que el teatro de la calle Corrientes y no fue en el centro porteño, sino en la Recoleta, no hubieron bombos y grandes banderas partidarias y la líder de la Coalición Cívica pudo hablar sin ninguna interrupción; en esta oportunidad, incluso, tuvo más hinchada a su favor. La mayoría vitoreó cada frase de la líder, en especial todas aquellas que comenzaban con la palabra “Kirner” (como le dice ella) y llenó los silencios con un “Se siente, siente Lilita presidente”. Las disidencias no faltaron, pero ésta vez se quedaron en los susurros, no por miedo, sino por ser menos. Al parecer, la última batalla la ganó Lilita.


