“¡Ni un compañero más bajo la línea de pobreza!”, es la declaración contundente de los envejecidos calcos, pegados en el espejo del ascensor del edificio de Pasco 255, sede de la Conadu disidente.
“La gremial”, como se la llama usualmente, no es una gremial sino una Federación que reúne varias agrupaciones de docentes universitarios de todo el país. A pesar de que aún no había tenido el agrado de visitar un sindicato, sí tenía una imagen mental que se asemejaba bastante a los comités partidarios de barrio (a saber, zona sur del Gran Buenos Aires) donde siempre hay una mesa con un póster del candidato de turno pegado en el borde de la mesa, haciendo de cortinado para las piernas regordetas del repartidor de plataformas electorales. Lugares feos, con baldosas de patio y paredes descascaradas, los comités barriales que recordaba nada tenían que ver con la sede de la Conadu, donde para mi desencanto (ansiaba la confirmación de mi teoría), no me encontré con ningún gordito charlatán, ni paredes sucias. En su lugar había un trajeado de cuidados modales que me invitó a sentarme en una silla giratoria, mullida. Las paredes recién pintadas, de dos colores afines. Abundaban los monitores LCD -no estoy exagerando- y los defensores del Software libre. El lugar estaba prácticamente vacío, para mi sorpresa, había sólo un par de “compañeros” (yo también fui rápidamente reconocida como “compañera”) que muy tranquilamente cumplían el horario de trabajo.
Pretendía hacerle algunas preguntas sobre el primer paro del año, que había convocado la gremial, a Walter Barboza. Walter es el director de prensa de Conadu, o algo así. Reproduzo el diálogo.
Walter: Vos serías el secretario de prensa y yo el director, ¿no?
Compañero: Sí, supongo que sí…
Walter: (a mí) Bueno, entonces poné que soy el director de prensa.
La Conadu es una federación relativamente nueva (fue fundada en el año 1995) que se separó de la Conadu Histórica porque no coincidían con su postura intransigente. La Conadu Histórica, en general, exige que sean respetados los reclamos tal como fueron planteados al comenzar la protesta y la Conadu disidente “prefiere acomodarse a la realidad que vive el país”, dice Walter. Por eso son los que suelen cerrar el trato primero. Desde que están ellos, dice Walter, todo cambió: “Nosotros logramos que todo lo que estaba en negro pase al sueldo básico”, alega orgulloso. Y sigue: “La Conadu Histórica, siempre hace retranca y nunca llega a nada con esos planteos trotskos”.
Esta pelea sí tiene alma de comité.
Yéndome, de nuevo los calcos añejos, medio arrancados, que prometen no dejar que ningún docente pase hambre. Rememoré varias cosas: un router para Wi-Fi, al director de prensa diciéndome por lo bajo que me dedique a la docencia que iba a ganar más que como periodista, las paredes pintadas en composé, de nuevo el director de prensa, esta vez diciéndome que no son obreros que viven de un sueldo paupérrimo como para pedir un aumento fijo. Y entonces salí confundida y preguntándome por qué no despegan de una buena vez las calcomanías del espejo del ascensor.



