"Toda sociedad es un sistema de interpretación del mundo (...) Su propia identidad no es otra cosa que ese "sistema de interpretación", ese mundo que ella crea. Y esa es la razón por la cual la sociedad percibe como un peligro mortal todo ataque contra ese sistema de interpretación; lo persigue como un ataque contra su identidad, contra sí misma"

Cornelius Castoriadis
Los dominios del hombre. Barcelona: Gedida, 1988


jueves 27 de noviembre de 2008

Historia de un fantasma

Esta es la historia de Ned Ludd, líder del movimiento de trabajadores textiles que destruyó máquinas industriales a principios del siglo XIX. El relato siguiente corresponde a Chistian Ferrer, de su libro Cabezas de tormenta.

NED LUDD, EL FANTASMA

por Christian Ferrer

Todo comenzó un 12 de abril de 1811. Durante la noche, trescientos cincuenta hombres, mujeres y niños arremetieron contra una fábrica de hilados de Nottinghamshire, destruyendo los grandes telares a golpes de maza y prendiendo fuego a las instalaciones. Lo que allí ocurrió pronto sería folklore popular. La fábrica pertenecía a William Cartwright, fabricante de hilados de mala calidad pero pertrechado de nueva maquinaria. La fábrica, en sí misma, era por aquellos años un hongo nuevo en el paisaje: lo habitual era el trabajo cumplido en pequeños talleres. Otros setenta telares fueron destrozados esa misma noche en otros pueblos de las cercanías. El incendio y el haz de mazas se desplazó luego hacia los condados vecinos de Derby, Lancashire y York, corazón de la Inglaterra de principios del siglo XIX y centro de gravedad de la Revolución Industrial. El reguero que había partido del pueblo de Arnold se expandió sin control por el centro de Inglaterra durante dos años, perseguido por un ejército de diez mil soldados al mando del general Thomas Maitland. ¿Diez mil soldados? Wellington mandaba sobre bastantes menos cuando inició sus movimientos contra Napoleón desde Portugal. ¿Más que contra Francia? Tiene sentido: Francia estaba en el aire de las inmediaciones y de las intimidaciones; pero no era la Francia napoleónica el fantasma que recorría la corte inglesa, sino la asamblearia. Sólo un cuarto de siglo había corrido desde el Año I de la Revolución. Diez mil soldados. El número es índice de lo muy difícil que fue acabar con los luditas. Quizá porque los miembros del movimiento se confundían con la comunidad. En un doble sentido: contaban con el apoyo de la población, eran la población. Maitland y sus soldados buscaron desesperadamente a Ned Ludd, su líder. Pero no lo encontraron. Jamás podrían haberlo encontrado, porque Ned Ludd nunca existió: fue un nombre propio pergeñado por los pobladores para despistar a Maitland. Otros líderes que firmaron cartas burlonas, amenazantes o peticiones se apellidaban “Mr. Pistol”, “Lady Ludd”, “Peter Plush” (felpa), “General Justice”, “No King”, “King Ludd” y “Joe Firebrand” (el incendiario). Algún remitente aclaraba que el sello de correos había sido estampado en los cercanos “Bosques de Sherwood”. Una mitología incipiente se superponía a otra más antigua. Los hombres de Maitland se vieron obligados a recurrir a espías, agentes provocadores e infiltra dos, que hasta entonces constituían un recurso poco esencial de la logística utilizada en casos de guerra exterior. He aquí una reorganización temprana de la fuerza policial, a la cual ahora llamamos “inteligencia”.

Si a los acontecimientos que lograron tener en vilo al reino y al Parlamento se los devoró el incinerador de la historia, es justamente porque el objetivo de los luditas no era político sino social y moral: no querían el poder sino poder desviar la dinámica de la industrialización acelerada. Una ambición imposible. Apenas quedaron testimonios: algunas canciones, actas de juicios, informes de autoridades militares o de espías, noticias periodísticas cien mil libras de pérdidas, una sesión del Parlamento dedicada a ellos, poco más. Y los hechos: dos años de lucha social violenta, mil cien máquinas destruidas, un ejército enviado a “pacificar” las regiones sublevadas, cinco o seis fábricas quemadas, quince luditas muertos, trece confinados en Australia, otros catorce ahorcados ante las murallas del castillo de York, y algunos coletazos finales. ¿Por qué sabemos tan poco sobre las intenciones luditas y sobre su organización? La propia fantasmagoría de Ned Ludd lo explica: aquella fue una sublevación sin líderes, sin organización centralizada, sin libros capitales y con un objetivo quimérico: discutir de igual a igual con los nuevos industriales. Pero ninguna sublevación “espontánea”, ninguna huelga “salvaje”, ningún “estallido” de violencia popular salta de un repollo. Lleva años de incubación, generaciones transmitiéndose una herencia de maltrato, poblaciones enteras macerando saberes de resistencia: a veces, siglos enteros se vierten en un solo día. La espoleta, generalmente, la saca el adversario. Hacia 1810, el alza de precios, la pérdida de mercados a causa de la guerra y un complot de los nuevos industriales y de los distribuidores de productos textiles de Londres para que éstos no compren mercadería a los talleres de las pequeñas aldeas textiles encendió la mecha. Por otra parte, las reuniones políticas y la libertad de letra impresa habían sido prohibidas con la excusa de la guerra contra Napoleón, y la ley prohibía emigrar a los tejedores, aunque se estuvieran muriendo de hambre: Inglaterra no debía entregar su expertise al mundo.

Los luditas inventaron una logística de urgencia. Ella abarcaba un sistema de delegados y de correos humanos que recorrían los cuatro condados, juramentos secretos de lealtad, técnicas de camuflaje, centinelas, organizadores de robo de armas en el campamento enemigo, pintadas en las paredes. Y además descollaron en el viejo arte de componer canciones de guerra, a las cuales llamaban himnos. En uno de los pocos que han sido recopilados puede aún escucharse: “Ella tiene un brazo / Y aunque sólo tiene uno / Hay magia en ese brazo único / Que crucifica a millones / Destruyamos al Rey Vapor, el Salvaje Moloch”, y en otra: “Noche tras noche, cuando todo está quieto / Y la luna ya ha cruzado la colina / Marchamos a hacer nuestra voluntad/ ¡Con hacha, pica y fusil!”. Las mazas que utilizaban los luditas provenían de la fábrica Enoch. Por eso cantaban “La Gran Enoch irá al frente / Deténgala quien se atreva, deténgala quien pueda / Adelante los hombres gallardos/ ¡Con hacha, pica y fusil!”. La imagen de la maza trascenderá la breve epopeya ludita. En la iconología anarquista de principios de siglo, Hércules sindicalizados suelen estar a punto de aplastar con una gran maza, no ya máquinas, sino al sistema fabril entero. Todos estos blues de la técnica no deben hacer perder de vista que las autoridades no sólo querían aplastar la sublevación popular, también buscaban impedir la organización de sectas obreras, en una época en la cual solamente los industriales estaban unidos. Carbonarios, conjurados, la Mano Negra de Cádiz, sindicalistas revolucionarios: en el siglo pasado la horca fue la horma para muchas intentonas sediciosas.

Fuente:
FERRER, Ch. (2005): Cabezas de tormenta. La Plata: Terramar, pp. 82-85
Descarga directa: PDF - 110 páginas
La reproducción de este libro a través de medios ópticos, electrónicos, químicos, fotográficos o de fotocopias está permitida y alentada por los editores.

Imagen:
The leader of luddities
, Londres, Mayo de 1812.
Fuente: Wikipedia. Restauración: LGdL

martes 18 de noviembre de 2008

George Lucas in Love

Los verdaderos cinéfilos ya lo han visto, pero los aspirantes deben verlo. Se trata del corto George Lucas in Love, de Joe Nussbaum, una obra independiente que pasó de mano en mano por Hollywood en el verano yanqui de 1999. Después ganó el Festival de Toronto y se distribuyó comercialmente. No decimos más. Tomo el video de YouTube. Nuestro aporte a la causa no esta acá, sino en la Wikipedia, donde agregamos un brevísimo artículo sobre el film.



lunes 17 de noviembre de 2008

¡Foucault!

Escribimos rápidamente, entusiasmados por haber hallado en la web el documental Michel Foucault par lui-meme (2003), de Philippe Calderon, que recopila diferentes entrevistas y material relacionado con la vida y obra del pensador. Por desgracia, no existen subtítulos en castellano ni en inglés. Alentamos a los francoparlantes a hacer uno. Al menos, a desgrabar una traducción y que las comunidades dedicadas al arte del subtítulo se hagan cargo.
Aquí están los links para acceder al film.

Michel Foucault par lui-meme
(2003)

viernes 7 de noviembre de 2008

El pensamiento complejo de Edgar Morin

El filósofo francés Edgar Morin (n. 1921) ha planteado en cientos de publicaciones la necesidad de reformar las ciencias y la educación a partir de una "reforma del pensamiento". Según Morín, la división del conocimiento propuesta por Descartes (principios segundo y tercero del Discurso de Método) y la reducción de lo cognocible a lo mensurable planteada por Galileo han mostrado sus límites. "Ni el ser, ni la existencia, ni el sujeto cognocente pueden ser matematizados ni formalizados" (Morin, 1999). Critica especialmente la división de las ciencias en disciplinas y el lugar del especialista como obstáculo para integrar los campos disociados. Piensa a la realidad como un todo complejo, inabarcable para una ciencia desmembrada, consumida por lo que Heidegger llamó "la esencia devoradora del cálculo".

Compartimos algunos documentos.

  • Versión en PDF del libro Los siete saberes necesarios para la Educación del Futuro (1999), presentado por Morin en la UNESCO. Descarga directa.
  • Síntesis y comentario de su libro La cabeza bien puesta (1999), por Gonzalez de Leon. Descarga directa.

lunes 3 de noviembre de 2008

Tarzán o La moral de los años '30

por Leandro Gonzalez de León

El siguiente video contiene fragmentos de la película Tarzán (1932), una de las versiones más conocidas de la novela de Edgar Rice Burroughs, la novena película sobre el personaje, la primera con Johnny Weissmüller.
Subí este video a YouTube hace un año. En ese momento escribí: "Si bien la moraleja expresa un mínimo de tolerancia hacia la naturaleza y los diferentes, el salvajismo de estas escenas es una demostración de cómo han cambiado la verdad y el concepto de bien y el mal actuales, respecto de las ideas dominantes en los años '30".
El sitio web Los Giraos recogió el video y lo publicó con estas lineas: "Para que luego digan que la sociedad no avanza, que somos más intolerantes y gilipolleces por el estilo. Y sino ver lo que era normal en las películas de los treinta." La diferencia entre mi planteo y el de mis amigos españoles es sutil, pero merece ser desarrollada.
Somos más intolerantes. En los '30 no existía la ecología, ni el Holocausto. Mis bisabuelos, en las montañas de Galicia, eran antisemitas, pero nunca habían visto un judío. Hoy, sin Gobineau, sin Darwin, sin Morgan y sin Sarmiento, desechados los argumentos científicos del racismo y la pretensión generalizada de dominar la naturaleza, muchas de estas prácticas persisten. Lo que quiero decir es que, es cierto, los valores legítimos actuales son superiores, pero también son superiores las obligaciones. Los Giraos justifican el mal con el mal. Como
Susanita, que leía noticias de crímenes para sentirse buena.


video