"Toda sociedad es un sistema de interpretación del mundo (...) Su propia identidad no es otra cosa que ese "sistema de interpretación", ese mundo que ella crea. Y esa es la razón por la cual la sociedad percibe como un peligro mortal todo ataque contra ese sistema de interpretación; lo persigue como un ataque contra su identidad, contra sí misma"

Cornelius Castoriadis (1988) Los dominios del hombre. Barcelona: Gedisa.


jueves, 21 de marzo de 2013

Propaganda



"El Instituto [de Análisis de la Propaganda] fue fundado en 1937, cuando la propaganda nazi era más ruidosa y efectiva, por el señor [Edward A.] Filene, el filántropo de Nueva Inglaterra. Bajo los auspicios de este centro, se hicieron análisis de propaganda no racional y se prepararon varios textos para la instrucción de los estudiantes secundarios y universitarios. Vino luego la guerra, una guerra total, en todos los frentes, en el mental no menos que en el físico. Con todos los Gobiernos Aliados dedicados a la "guerra psicológica", insistir en la conveniencia del análisis de la propaganda parecía un poco falta de tacto. El Instituto fue cerrado en 1941. Pero inclusive antes del estallido de las hostilidades había muchas personas a las que las actividades del centro parecían muy inconvenientes. Ciertos educadores, por ejemplo, desaprobaban la enseñanza del análisis de la propaganda alegando que induciría al cinismo a los adolescentes. Tampoco los militares acogían con agrado tal enseñanza; temían que los reclutas comenzaran a analizar el lenguaje de los sargentos instructores. Y estaban luego los clérigos y los anunciantes. Los clérigos se pronunciaban contra el análisis de la propaganda alegando que un análisis así socavaría la fe y disminuiría la asistencia a la iglesia; los anunciantes adoptaron la misma actitud por entender que tal análisis socavaría la lealtad a las marcas y reduciría las ventas.
Estos temores y desagrados no carecían de fundamento. Un escrutinio demasiado a fondo por parte de demasiada gente del común de lo que dicen sus pastores y maestros puede resultar profundamente subversivo. En su forma presente, el orden social depende para su continuación de la aceptación, sin demasiadas preguntas embarazosas, de la propaganda presentada por quienes tienen autoridad y de la propaganda santificada por las tradiciones locales."

Aldous Huxley (1958) Nueva visita a un mundo feliz. Buenos Aires: Seix-Barral, 1984. Pp. 156-157.

Imagen: "Vamos todos a servir al ejército" (Corea del Norte). Fuente: Universidad Tecnológica de Nanyang, Singapur.

jueves, 6 de septiembre de 2012

Sostiene Fellini




I. Escuela

"El Satyricon es un libro misterioso, sobre todo porque es fragmentario. Pero su fragmentarismo es, en cierto modo, emblemático. Emblemático del fragmentarismo en general del mundo antiguo tal como nos parece hoy a nosotros. (...) Como el de un paisaje desconocido, envuelto en una niebla densa que se desgarra a trozos y lo deja entrever. Los humanistas del Renacimiento se han servido de la Antigüedad para justificarse y expresarse, proyectando sobre ella su idea preconcebida de la Antigüedad. Pero yo no puedo proyectar nada, yo no tengo ideas preconcebidas. El mundo de la Antigüedad es para mí un mundo perdido con el cual mi ignorancia no me permite más que una relación de fantasía, imaginativa, nutrida de hipótesis y de sugerencias desenraizadas de cualquier información o conocimiento de tipo histórico.
La escuela, o al menos la escuela a la que yo he ido, casi siempre se aleja, se sobrepone, congelándolos, a los contenidos que quiere transmitir, los empobrece, los reduce a una serie interminable de nociones abstractas, sin significado, que al final no se refieren sino a sí mismas; es decir, a nada. El descubrimiento, el conocimiento del mundo pagano que se adquiere en la escuela, por ejemplo, es de tipo sensual, de nomenclatura, propicia una relación con aquel mundo hecha de desconfianza, de aburrimiento, de desinterés (...) Lo que yo veía en el Museo del Capitolio me dejaba casi indiferente, velado como estaba por aquel embotamiento absorbido durante su tétrica divulgación escolar."

II. Televisión

"En el pasado no había reflexionado lo suficiente sobre la pregunta: ¿qué es la televisión? (...) La miraba con curiosidad distante; nunca me había preguntado cuál sería el punto de vista de quien quiere llegar a una platea tan indiferente como la de la televisión. Hay que tener en cuenta una cantidad de factores. ¡Demasiados! Antes que nada, desde el punto de vista de la comunicación, con quién se comunica uno y como se comunica. Al principio pensé que podía ser muy estimulante para un autor intentar un contacto más íntimo con su público -de hecho, te metes en la casa de ese espectador, le hablas a él, y te lo imaginas, a lo mejor en la cama, por lo que la relación con él todavía es más íntima, secreta, y esta condición podría garantizar una comunicación con él extraordinariamente sugestiva. En realidad no es cierto que las cosas sean así; es pura literatura; no es verdad que se llegue a tener una relación tan directa, tan amistosa. En primer lugar, el hecho de entrar en las casas le quita a la comunicación su carácter, digámoslo así, religioso. Quiero decir que cuando cierto número de personas se reúne en un lugar donde al levantarse el telón o encender una pantalla aparece alguien que cuenta una historia, tiene lugar verdaderamente la comunicación de un mensaje determinado. (...) Esta condición no se da en la televisión. No puede darse, y por consiguiente, falta el aspecto sagrado del espectáculo.
Por otra parte, no es el público quien sale de casa y viene a donde estás tú. Eres tú quien va a ellos: y ya esto te pone en una situación de inferioridad. (...) Tienes que vencer la actitud posesiva del espectador. El que tiene la televisión es el dueño de la televisión. (...) Eres tú quien debe entrar muy educadamente, estás obligado en seguida a interesar o a divertir a la gente que está en su casa, o sea, que está sentada a la mesa, que está comiendo, que está hablando por teléfono. Tú, autor, no puedes ignorar este dato y por esa razón tienes que ser, inmediatamente, tan entretenido en una época lo fueron los juglares, los saltimbanquis de la plaza pública que tenían que llamar la atención de la gente que iba y venía. (...) En resumen, el telespectador es el dueño de la televisión: si quiere puede tirarla por la ventana."

III. Fascismo

El fascismo y la adolescencia siguen siendo, en cierta medida, épocas históricas permanentes en nuestra vida. La adolescencia, de nuestra vida individual; el fascismo, de la nacional: este quedarse siendo, en resumen, eternamente niños, descargar las responsabilidades sobre los demás, vivir con la reconfortante sensación de que hay alguien que piensa por tí y una vez es la madre, otra vez el padre, otra vez intendente o el Duce, otra vez el obispo, la Virgen y la televisión. (...)
Me parece que las eternas premisas del fascismo se reconocen precisamente en el ser provincianos, en la falta de conocimiento de los problemas reales, en el rechazo a la profundización por pereza, por prejuicio, por comodidad, por presunción, el contacto individual de uno mismo con la vida. Jactarse de ser ignorantes, buscar la afirmación de uno mismo o de su grupo no con la fuerza que procede de la capacidad efectiva, de la experiencia, del contacto con la cultura sino con la jactancia, con las afirmaciones que terminan en sí mismas, el despliegue de cualidades imitadas en lugar de verdaderas. (...)
No se puede combatir el fascismo sin identificarlo con nuestra parte estúpida, mezquina, veleidosa; una parte que no tienen ningún partido político, de la cual deberíamos avergonzarnos y que para rechazar no basta con decir: yo milito en un partido antifascista. Porque esa parte está adentro de cada uno de nosotros y ya una vez el fascismo le ha prestado la voz, la autoridad, el crédito."

IV. Cine

"Sobre esta vaga e incierta nebulosa que es una película tal como está alojada en la imaginación, hay que actuar con vigor. El oficio de aquel que pretende materializar las sombras, las formas, las perspectivas, las luces, está hecho de rigor y, al mismo tiempo, de elasticidad. Debe ser intransigente, implacable, pero también blando, dispuesto a corregir las resistencias, las diferencias, los errores, con un espíritu de lúcida responsabilidad. Lo imprevisto no siempre es tan solo una dificultad, muchas veces es una ayuda; y todo lo que sucede en la película desde que tienes la idea de determinada película, y después, durante la preparación y las tomas o el montaje, todo es útil a la película. No hay acontecimientos, ocasiones, elementos que puedan considerarse totalmente extraños a la película. Todo forma parte de ella. Y quiero decir algo más: no existen condiciones ideales para la realización de una película, o mejor dicho, las condiciones siempre son ideales, porque son las que te permiten hacer la película tal como la estás haciendo; la enfermedad de un actor que hay que reemplazar, la socarrona testarudez de un productor, un accidente que detiene el trabajo no son obstáculos sino los elementos mismos con los que la película se va componiendo poco a poco. Lo que es siempre termina saliéndose con la suya, por imponerse a lo que habría podido o hubiera debido ser. Los imprevistos no forman parte del viaje, sino que son el viaje mismo. (...) Hacer cine no consiste en tratar de adecuar obstinadamente la realidad a ideas preestablecidas; hacer cine significa también saber reconocer, aceptar y utilizar las alteraciones progresivas que las ideas preestablecidas sufren con el continuo y paralelo devenir de todo lo que ocurre. (...) La vida también es así. Es infantil pretender atravesarla protegidos en todo momento por certezas inmutables. También por esto, cuando termino una película, no quiero volver a verla."


Fuente: Fellini, F. (1998) [1980] Hacer una película. Buenos Aires: Perfil.
Dibujos publicados por la Fondazione Fellini, www.federicofellini.it



miércoles, 15 de agosto de 2012

La revolución ha fracasado

por León Felipe*


[...]
¡Oíd, amigos! La revolución ha fracasado.
Subid las campanas de nuevo al campanario.
Devolvedle la sotana al cura y al capataz el látigo,
clavad esas bisagras y quitadle el orín a los candados...
Que venga el cristalero y que componga los cristales rotos de los balcones de Palacio...
Arreglad las trampas y los cepos y comprad alambre para los vallados...
Sacad de vuestros cofres los anillos ducales, las libreas y los viejos contratos...
Coronad a los poetas otra vez hojas de laurel purpurinado y regaladle a Franco
un espadón simbólico, una medallita milagrosa y un escapulario...
¡Viva Cristo Rey! ¡La revolución ha fracasado!

México, 1942

 *Antología Rota. Buenos Aires: Losada, 1998,  p.  150.

sábado, 23 de junio de 2012

Independientes, indiferentes


Hay dos grandes grupos: el primero es de los indiferentes, que algunos llaman la opinión independiente.  Eso es indiferencia, que en el orden político puede llamarse estupidez política. (...) Algunos dicen: hay que captar la opinión independiente. Grave error. Eso no se capta nunca, porque está tres días con uno y tres días contra uno. Esa opinión es la que no debe interesar al que conduce. Algunos han perdido lo que tenían por ganarse la opinión independiente. A esos hay que dejarlos al margen y no tratar de conducirlos. (...) Esos no nos interesan. A ésos no los vamos a captar nunca. Y si los captamos, son elementos de disociación dentro de la organización política, porque ellos están siempre en contra, algunas veces de las cosas buenas y otras veces de las cosas malas. Porque un argentino que conoce su patria y que la quiere y no haya tomado partido en eso, no debe tener grandes condiciones de patriota ni grandes condiciones morales.(...) El otro grupo es el de los opositores, que yo respeto más que a los independientes. Los respeto más porque siquiera, equivocados o no, tienen su idea y la defienden. Cuando un hombre dice: “yo soy apolítico”, es como si dijera “yo soy un cretino”. No digo lo mismo de un opositor que no comparte mis ideas. Pienso que es un equivocado, pero nunca pienso que es un cretino.

Juan Domingo Perón (1951)

***


Odio a los indiferentes. Creo que vivir quiere decir tomar partido. Quien verdaderamente vive, no puede dejar de ser ciudadano y partisano. La indiferencia y la abulia son parasitismo, son bellaquería, no vida. Por eso odio a los indiferentes.
La indiferencia es el peso muerto de la historia. La indiferencia opera potentemente en la historia. Opera pasivamente, pero opera. Es la fatalidad; aquello con que no se puede contar. Tuerce programas, y arruina los planes mejor concebidos. Es la materia bruta desbaratadora de la inteligencia. Lo que sucede, el mal que se abate sobre todos, acontece porque la masa de los hombres abdica de su voluntad, permite la promulgación de leyes, que sólo la revuelta podrá derogar; consiente el acceso al poder de hombres, que sólo un amotinamiento conseguirá luego derrocar. La masa ignora por despreocupación; y entonces parece cosa de la fatalidad que todo y a todos atropella: al que consiente, lo mismo que al que disiente, al que sabía, lo mismo que al que no sabía, al activo, lo mismo que al indiferente. Algunos lloriquean piadosamente, otros blasfeman obscenamente, pero nadie o muy pocos se preguntan: ¿si hubiera tratado de hacer valer mi voluntad, habría pasado lo que ha pasado?
Odio a los indiferentes también por esto: porque me fastidia su lloriqueo de eternos inocentes. Pido cuentas a cada uno de ellos: cómo han acometido la tarea que la vida les ha puesto y les pone diariamente, qué han hecho, y especialmente, qué no han hecho. Y me siento en el derecho de ser inexorable y en la obligación de no derrochar mi piedad, de no compartir con ellos mis lágrimas.
Soy partidista, estoy vivo, siento ya en la consciencia de los de mi parte el pulso de la actividad de la ciudad futura que los de mi parte están construyendo. Y en ella, la cadena social no gravita sobre unos pocos; nada de cuanto en ella sucede es por acaso, ni producto de la fatalidad, sino obra inteligente de los ciudadanos. Nadie en ella está mirando desde la ventana el sacrificio y la sangría de los pocos. Vivo, soy partidista. Por eso odio a quien no toma partido, odio a los indiferentes.


Antonio Gramsci (1917)

Foto:  La Indiferencia (2012), instalación de  Marie Orensanz

miércoles, 6 de junio de 2012

Un cielo con dos lunas


Ray Bradbury In Memoriam (1920-2012)

Tuve más Fobos y Deimos que French y Berutti. Debo haber leído las Crónicas Marcianas, vieja edición de Minotauro, a los ocho años. Tardé muchísimo. Después de cada capítulo hacía un dibujo o dos y se lo mostraba a todo el mundo, mientras les contaba la historia. Un nene plomo, sí. 
Perdí el libro poco antes de terminarlo. Ya tenía nueve, creo. Apareció unos años después, pegado detrás de un mueble, con humedad. Los últimos capítulos se desintegraron. Guardé esa edición (la de la foto) y obtuve una más nueva mediante un hurto que me avergüenza y ahora confieso. Perdón, tía, nadie lo iba a leer.
Otros libros que recuerdo fueron El Árbol de las Brujas y el increíble Vino del Estío. Dandelion Wine es un libro importante en casa. Regalo de cumpleaños reiterado, mi madre se lo inculcó a todos. No sé si considerarme lector de Bradbury, tenía sus libros entre mis cosas, como juguetes.
El primer cuento que recuerdo haber escrito, con ayuda de papá, se titula "La Máquina Madre", bajo en seudónimo de "Brad Raybury". Acompañé el cuento con una maqueta para la escuela. Una superficie agreste, rosada, cemento con colorante y un cohete blanco. Un paisaje triste.
Las Crónicas (esto es muy sabido) casi no hablan de ciencia. Hablan del amor, la soledad, más fuertes cuando se mira un cielo con dos lunas.

martes, 27 de marzo de 2012

Los Dones

por Jorge Luis Borges*

Le fue dada la música invisible
que es don del tiempo y que en el tiempo cesa;
le fue dada la trágica belleza,
le fue dado el amor, cosa terrible.

Le fue dado saber que entre las bellas
mujeres de la tierra sólo hay una;
pudo una tarde descubrir la luna
y con la luna el álgebra de estrellas.

Le fue dada la infamia. Dócilmente
estudió los delitos de la espada,
la ruina de Cartago,
la apretada batalla del Oriente y del Poniente.

Le fue dado el lenguaje, esa mentira,
Le fue dada la carne, que es arcilla,
le fue dada la obscena pesadilla
y en el cristal el otro, el que nos mira.

De los libros que el tiempo ha acumulado
le fueron concedidas unas hojas;
de Elea, unas contadas paradojas,
que el desgaste del tiempo no ha gastado.

La erguida sangre del amor humano
(la imagen es de un griego) le fue dada
por Aquel cuyo nombre es una espada
y que dicta las letras a la mano.

Otras cosas le dieron y sus nombres:
el cubo, la pirámide, la esfera,
la innumerable arena, la madera
y un cuerpo para andar entre los hombres.

Fue digno del sabor de cada día;
tal es tu historia, que es también la mía.

*Borges, J. L. (2008) [1984] Atlas. Buenos Aires, Emecé:18-19.

domingo, 16 de octubre de 2011

Consejos de Mamá Noruega

El 22 julio de 2011, el noruego Anders Behring Breivik asesinó a 96 personas en Oslo. Derechista, convervador, luterano, masón, siguió sus convicciones e intervino públicamente, con espectaculares consecuencias. Estos podrían ser los consejos de su madre. De cualquier madre.


Uno debe luchar por lo que piensa
y hacer su propio camino.

Tenés que hacer que más te guste.
Lo más importante es TU felicidad.

Tenés que tomar tus propias decisiones
y no dejarte llevar por lo que dicen los demás.

No te olvides que sos
único, especial, irrepetible.

Si no lo hacés vos,
no lo hará nadie.

Tenés que seguir
el dictado de tu corazón.

Y si te equivocás... no importa.
Siempre se aprende de los errores.