"¿No podemos ver que en el origen de una preferencia por la llamada
vida espiritual habitualmente sólo están la pereza y el miedo al juego?
"

Georges Bataille
Notas para una introducción general a los tres libros de La Parte Maldita


domingo 28 de febrero de 2010

Amor y libertad

por Maurice Merleau-Ponty

¿Podemos concebir un amor que no sea una usurpación de la voluntad del otro? El que no quisiera en ningún caso ejercer influencia sobre la persona que ama y se abstuviera en consecuencia de decidir por ella, de aconsejarla o de inclinarla, obrará sobre ella, justamente por esta actitud de abstención y la inclinaría todavía más a decidir para agradarle. Ese desapego aparente, esta voluntad de quedar sin responsabilidad, suscitan en el otro un deseo tanto más vivo de aproximarse. Hay una paradoja en aceptar ser amado por alguien sin querer influir sobre su libertad. Su libertad, si él ama, la encuentra justamente en el acto de amar, no en una vana economía. Aceptar amar o ser amado, es aceptar ejercer por otra parte tambien una influencia, decidir en cierta medida por el prójimo. Amar es, inevitablemente, entrar en una situación indivisa con el prójimo.
A partir de ese momento en que se está ligado a alguien, se sufre con su sufrimiento. Si se trata de un dolor físico, que no se puede compartir sino de manera metafórica, se sufre fuertemente con su insuficiencia. No se es tal como se sería sin este amor, la usurpación de las perspectivas permanece. No se puede decir más: "Esto es tuyo, esto es mío", no se puede ya separar completamente los papeles; y estar ligado a alguien es, finalmente, al menos en intención, vivir su vida. La experiencia del prójimo, en el fondo, en la medida misma en que es convincente o es verdaderamente experiencia del prójimo, es necesariamente experiencia "alienante" en el sentido de que me quita a mí mi soledad e instituye una mezcla entre yo y el otro.

Merleau-Ponty, Maurice: "El cuerpo como ser sexuado" (fragmento) en Fenomenología de la Percepción. Barcelona: Península, 1975.

miércoles 3 de febrero de 2010

Diálogos constructivos II

"Ni me caso con nadie, ni guardo pa' mis nietos..." (Joaquín Sabina, Camas Vacías, 2002)

"El hombre es un fin, no un medio. La civilización toda se endereza al hombre, a cada hombre, a cada yo. ¿O qué es ese ídolo, llámese Humanidad o como se llamare, a que se han de sacrificar todos y cada uno de los hombres? Porque yo me sacrifico por mis prójimos, por mis compatriotas, por mis hijos, y estos a su vez por los suyos, y los suyos por los de ellos, y así en serie inacabable de generaciones. ¿Y quién recibe el fruto de ese sacrificio?" (Miguel de Unamuno, Del sentimiento trágico de la vida, 1912)

Foto: July Moore para O y B.

martes 26 de enero de 2010

Sobre la muerte

por Georges Bataille

Giovanni Segantini, Ritratto di morto (1886)

LA MUERTE DESTRUYE, REDUCE A NADA al individuo que se tomaba y al que los demás tomaban por una cosa idéntida a sí misma. No solamente este individuo estaba inserto en el orden de las cosas, sino que el orden de las cosas había entrado en él y, en su interior, había dispuesto todo según sus principios. Tenía, como las otras cosas, un pasado, un presente y un porvenir, y una identidad a través de este pasado, este presente y este porvenir. La muerte destruye lo que fue porvenir, se hace presente dejando de ser. La supresión de lo que debía perseverar en él tiene como consecuencia el error que consiste en creer que lo que ya no es sin embargo es, bajo alguna otra forma (de sombra, de doble, de alma...) Nadie cree en la desaparición pura y simple de aquel que estaba allí.
Pero lo que es seguro es que la conciencia de muerte se ha alejado mucho del dato natural. El animal no solamente no tiene esta conciencia, sino que ni siquiera puede reconocer la diferencia entre aquel de sus semejantes que está muerto y aquel que vive. La muerte, en el desorden que por el hecho de su irrupción sucede a la concepción del individuo visto como parte de la coherencia de las cosas, es el aspecto que toma el dato natural completo, en la medida en que no puede ser asimilado, en que no puede ser insertado en el mundo coherente y claro. Ante nuestros ojos, la muerte encarnada en un muerto participa de un horror viscoso, está cerca de los sapos, de la basura, de las arañas más angustiosas. Es la naturaleza, pero no solamente la que no hemos podido vencer, la que ni siquiera hemos podido afrontar, y contra la cual ni siquiera tenemos la oportunidad de poder luchar. Un no se qué horrible y exangüe se aglutina en el cuerpo que se descompone, en la ausencia que nos hablaba y cuyo silencio nos subleva.



Fuente: Georges Bataille, Lo que entiendo por soberanía. Barcelona: Paidós, 1996, pp. 80-81.

martes 19 de enero de 2010

El Génesis protestante

por Pekka Himanen

William Blake, Elohim creando a Adán (1795)

El Génesis es un mito fértil, y constituye un punto de referencia
inevitable siempre que se plantean las preguntas trascendentales acerca del significado del ser humano. (...) Nuestros conceptos de la creación y la creatividad a lo largo de las épocas y las edades se han ido reflejando en él.
En la época preprotestante, san Agustín se preocupó de la cuestión de por qué Dios creó el mundo precisamente en el momento en el que lo hizo. En el siglo XVIII, el teólogo protestante Lightfoot se vanagloriaba de haber calculado con exactitud el momento preciso del acontecimiento. Basándose en la Biblia, llegó a la conclusión de que el mundo fue creado el viernes 23 de octubre del año 4004 a.C., a las nueve de la mañana. Sin duda, era muy adecuado para la ética protestante que la creación se hubiera llevado a cabo un viernes: el mundo fue creado al principio de la jornada laboral porque estaba destinado al trabajo.
Al considerar el trabajo un valor intrínseco, la ética protestante supone implícitamente que el estado de ociosidad perdido por la humanidad en su caída no constituyó al fin y al cabo una pérdida. En el siglo XVII, Milton, en su poema épico Paraíso perdido, se pregunta por qué Dios plantó un árbol prohibido en medio del Paraíso si los seres humanos no debían comer sus frutos. La respuesta de la ética protestante es que se esperaba que los seres humanos comieran de aquel fruto, y por tanto el trabajo, el sudor de su frente, constituía su sino verdadero y futuro.
En la evolución de l
a ética protestante, el Paraíso puede incluso llegar a considerarse la lección con la que se mostró a Adán y a Eva lo indeseable de la ociosidad. Cuando un ser humano está ocioso, encuentra una actividad sucedánea -comer- y luego acusa a otra persona de sus consecuencias perjudiciales. Una vida en la que uno es el responsable único de sus actos es de todas la más difícil. El trabajo es una respuesta: el signicado de la vida es utilizar el soldador, llevar los libros de contabilidad o ser un directivo o cualquier otra ocupación. Con la ayuda del trabajo, la identidad de una persona pasa a definirse prácticamente. Al trabajar, nadie tiene ya que levantarse preocupado por cómo vivir cada día.
En un mundo gobernado por la ética protestante, trabajamos porque no sabemos qué otra cosa hacer con nuestras vidas, al igual que vivimos porque no sabemos qué otra cosa podríamos hacer. Trabajamos para vivir... una vida que consiste en trabajar. Dicho con otras palabras, trabajamos para trabajar y vivimos para vivir. Ojalá Wilhelm Schneider se equivocara cuando afirmó que incluso en la futura vida celestial ¡necesitaríamos trabajar para que la eternidad no se hiciera tan larga!
La creatividad no destaca de forma particular en la ética protestante, cuyas creaciones típicas son el funcionariado y la empresa de estilo monástico. Ninguna de ellas estimula al individuo para que se dedique a la actividad creativa.


Fuente: Pekka Himanen (2001) La ética hacker y el espíritu de la era de la información. Barcelona: Destino, pp. 156-157

lunes 16 de noviembre de 2009

Somos (un sueño imposible)

por LGdL

El bolero de Mario Clavell, como la mayoría de la poesía amorosa de occidente, puede ilustrar nuestra problemática: las identidades parciales, contingentes, y la búsqueda de la esencia, de la identidad plena como Sujeto y de la identidad con el Otro. La ruptura de la discontinuidad, que Clavell y Bataille buscaron en el Amor.

Sin esencia ni centro, sin Dios, acaso la oportunidad de SER no sea más que un sueño imposible.

jueves 22 de octubre de 2009

Diálogos constructivos I

"Yo tengo un sueño" (Martin Luther King, "I have a dream", 1963)

"He aquí una lisa y llana acumulación de "abusos del lenguaje". Veamos: "yo" si no se lo considera como término de referencia, no es otra cosa que una bruma que oculta el abismo; un sueño no se tiene como se tiene a un niño, una propiedad física, una idea, frío o calor. ¿Y que quiere decir un sueño, que sentido y cuando un sueño es uno?" (Cornelius Castoriadis, "Las significaciones imaginarias sociales", en La institución imaginaria de la sociedad 2. Buenos Aires: Tusquets, 1993, p. 296)

Shut your mouth!

sábado 3 de octubre de 2009

La Mandíbula!

El proyecto multimedia (Nico Nuca ya nos privó de la expresión) iniciado en marzo de 2009 cobró fuerza en las últimas semanas, con el inicio de las transmisiones por FM En Tránsito, la selección del programa en el Concurso de Programas de Radio de Radio UBA y la apertura de un espacio en esa emisora los días viernes. Compartimos el programa 26.